El boom de la literatura infantil

Como soy muy dado a la nostalgia, a veces echo la mirada atrás y recuerdo mi infancia, casi siempre con un libro (NO de texto, que quede claro) en las manos:  los Tres Investigadores, los Hollister, los Cinco, Tom Swift… Luego, a medida que vas creciendo, cambiar a Enid Blyton por Julio Verne, a Robert Arthur por Robert L. Stevenson… Y más tarde, cuando llegas al instituto, empieza la pesadilla:  leer por obligación. En 2º de BUP no pude esquivar a “Don Quijote de la Mancha”, pero en COU, con muchas más tablas y una profesora coherente con sus principios, pude dejar de lado “Tiempo de silencio”, a cambio, eso sí, de leer la trilogía completa “Los gozos y las sombras”.

Amor por los libros

Cuando se habla del amor por la lectura, nunca se sabe cual es la receta buena. Una de las más socorridas es “que tus hijos te vean leer constantemente”. Debo decir que ese no fue mi caso. Si valen los abuelos, entonces sí. Pero la realidad es que, en lo que a mi respecta, no tengo ni la menor idea de como conseguir que un niño quiera leer. Bueno, uno de los míos tiene un punto a su favor. Dado que yo leo ya en formato digital, estoy preparándole con mimo la biblioteca para cuando él tenga su lector de e-books. Tratándose de un aparato electrónico, es más que posible que le mire con más cariño que si fueran páginas amarillentas…

Libros para todas las edades

Hay una cosa que, desde luego, sí esta clara. De un tiempo a esta parte, existe un verdadero “boom” de la literatura infantil y juvenil. No solo puedes encontrar ya libros para bebes de 6 ó 12 meses, sino libros para niños de 2  ó 3 años (como le gustaban a Nacho las aventuras de Elmer, el elefante de colores…), para 4-6 años, en los que aprenden lo que es un castillo o como se fabrica un coche, hasta llegara las aventuras de Jerónimo Stilton con 7-8 años y dar el salto a Harry Potter con 10-12 años… Y podría seguir haciendo una lista casi infinita. Cada edad tiene su tipo de literatura, y los editores no dejan ni un solo hueco sin cubrir:  las estanterías de las librerías cuidan que  no falten libros para ninguna edad. Y no faltan.

Excelente gusto, excelentes ediciones

Y qué ediciones. No es que pueda quejarme de las ediciones de mi infancia, adolescencia y juventud, pero hoy día, puedes caer en la sección infantil para hacer un regalo, y echar una o dos horas fácilmente hojeando los mil y un libros que tenemos a nuestra disposición: desplegables, interactivos, de colorear,  sólo “de letras”…

A veces me hago la pregunta: si hubiera nacido cuando mis hijos, ¿qué tipo de lector sería? No lo sé, la verdad. Pero hay un síntoma. Cuando tengo en mis manos una novela para jóvenes con las hormonas por las nubes, paso las páginas, leo el resumen de la contraportada, y pienso, “caray, si yo tuviera…”

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